Humor Farmacéutico

La siempre vigente Viagra

Ya desde antes de iniciar un Blog como este, con el tema de la medicina y los medicamentos, se notaba claramente que el tema de la Viagra y los preservativos iban a ser pan de cada día, pero ni modo, había que seguir. Lógicamente aunado a esto iban las palabras levitra, cialis, etc.

Hago esto a modo de introducción porque me decidí a poner de una sola vez,  las dos columnas Al Grano, que con el tema de la Viagra, hiciera el periodista Edgar Espinoza hace tiempo en el Diario la Nación, ya que las encuentro como buenas representantes del jolgorio iniciado con los medicamentos para la disfunción eréctil.

¡  Aló  ¡     ¿  El 8000-Viagra  ?

Acaba de ser inaugurada en el país la línea telefónica 8000-viagra, algo así como el 911 pero en este caso para emergencias de la libido masculina.

No obstante, conviene aclarar que el 8000-viagra no ofrece servicios paramédicos sino servicios parajodidos, o sea, para hombres con problemas de desfunción, o de defunción, eréctil.

Esta columna les ofrece hoy un extracto de las primeras ocho llamadas hechas por los pacientes a ese nuevo número telefónico.

(Primera llamada)

Teléfono – ¡Riiiiiiiiiiinnnnnng!

Operadora – ¡Aló! ¡Ocho mil viagra para servirle!

Paciente – No exagere; con la docenita me la juego.

(Segunda llamada)

Paciente – ¿Ya les llegó el combo-viagra?

Operadora – Nos viene entrando

Paciente – ¿Y qué incluye?

Operadora – Pastilla, par de birras y ñatica

Paciente – ¡Arajo; p’allá jalo!

(Tercera llamada)

Paciente – Mi frasco de viagra no dice “agítese antes de usarse”. ¿Qué hago?

Operadora – No se preocupe; el agite es después.

(Cuarta llamada)

Paciente – Señorita, acabo de tomarme el viagra

Operadora – ¡Me parece muy bien, señor!

Paciente – Y se me puso la cara roja

Operadora – ¡Magnífico!

Paciente – Y estoy viendo todo azul

Operadora – ¡Excelente!

Paciente – Y se me salen unas babas muy raras

Operadora – Lo felicito; síntoma de que todo va bien

Paciente – ¿Y ahora qué hago?

Operadora – Diay, déle viaje

Paciente – ¡Cómo! ¡Si en cuanto la novia me vio así salió toa escuechada!

(Quinta llamada)

Paciente – ¿Hablo con el ocho mil viagra?

Operadora – ¿En qué puedo servirle?

Paciente – Señorita, tengo 84 años, me tomé una viagra y me agarró como un hormigueo por ahí… ¡Bueno, usted sabe!

Operadora – Mire señor, ya eso es comején.

Llame al 911-Aserradero-El Pochotón.

(Sexta llamada)

Paciente – ¿Qué hago, mamita? ¡Ya ni con viagra!

Operadora – Pruebe con maca inca, o si no escribiendo al e-mail “hombre desesperado@necesita-milagro / háganme la juercita / no sean así-porfa. com”.

(Séptima llamada)

Paciente – ¿Puedo acogerme al programa de “viagra-frecuente”?

Operadora – Depende del kilometraje

Paciente – No sean conchos; si apenas alcanzo el milimetraje.

(Octava llamada)

Paciente – ¡Auxilio! ¡Me está dando un viagrainfarto!

Operadora – Dígale a su compañera que le dé un buen masaje de pecho y respiración boca-a-boca.

Paciente – ¿Y por qué cree que me estoy palmando?

La Nación, 30-3-2000, columna Al Grano

 

Un Viagra, por favor

 

Si a los hombres les daba su penilla comprar preservativos, ahora les da pánico  existencial (sobre todo a los jóvenes) comprar pastillas contra la impotencia sexual, aseguran farmacéuticos, urólogos y sexólogos

La escena se repite a diario en las farmacias. El paciente, inquieto, llega al local y de lejitos observa primero el panorama. Si hay mucho público, del todo no entra, y si quienes atienden son solo mujeres, menos. En el primer caso, no quiere exponerse a que lo oigan pedir una viagra, cialis, levitra o la que sea. Y en el segundo, se niega a que una mujer, a la larga guapa y con mucho que ofrecer, lo descalifique como macho cabrío.

Si no hay mucha gente y atiende personal de ambos sexos, su  aprensión no es tanta pero toma ciertas precauciones. La primera, recurrir siempre al empleado varón para solicitarle el medicamento. La segunda, hacerlo en voz muy baja, tímida y cortante. Y la tercera, cruzar los dedos para que el dependiente sea discreto y no le haga mucho ruido, como ocurrió con uno la vez que, de un extremo a otro, le preguntó a todo galillo al cliente si quería viagra de 50 o 100 milígramos-

Una técnica detectada es camuflar el pedido anotándolo en un papel junto con otras cosas, generalmente baratas, y entregárselo al empleado. Ejemplo: 5 mejorales, 2 sal andrews, 1 chupa-chupa, 4 viagras, 1 cofal…” O la del cliente  que, ya de acuerdo con algún empleado, utiliza como clave el número de pastillas que necesita, de tal forma que solo dice: “una” “tres”, “cinco”… O la del que, muy orondo, llegó pidiendo dos sildenafil (principio activo del viagra) y nadie del público entendió. O la de ciertos pacientes que suelen pedirle a su médico que les compren, por ellos, el medicamento-

Como parte del mismo prejuicio, muy pocos admiten tomar la pastilla, principalmente los hombres cuya edad oscila entre los 30 y 50 años. Los más viejos, sintiéndose quizá eximidos de “culpa” por la edad y los golpes del amor, dan más la cara. Sin embargo, solo el consumo de viagra subió 21 mil unidades el primer año (900 pacientes) a 132 mil este año (más de 6 mil pacientes), para no hablar de las otras opciones y de todo un mercado revuelto en el que abundan desde las falsificaciones del producto hasta las estafas por Internet.

A juzgar por esas reacciones, transcurrirá mucho tiempo antes de que alguien entre a una farmacia repleta de gente y diga con voz tronante “Vengo por una viagra de 500 miligramos, carajo- Y ¿qué?

19-11-2005. Columna Al Grano,  La Nación