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Humor Farmacéutico·Humor médico

Humor

Un médico a un paciente: Bueno, se va a tomar en la mañana esta pastilla roja con un vaso de agua; luego al mediodía esta pastilla azul con un vaso de agua, luego en la tarde esta pastilla amarilla con un vaso de agua, y en la noche esta pastilla verde con un vaso de agua.

Pero doctor, ¿Qué tengo?

Que no toma suficiente agua ¡!


 

Dos locos se encontraban en un manicomio, uno de ellos siempre estaba leyendo su periódico cómodamente sentado en un mueble, mientras el otro permanecía colgado de una lámpara repitiendo constantemente:

Soy lámpara, soy lámpara.

El otro, molesto le pide que se calle, pues quiere leer su periódico tranquilamente. Pero el de la lámpara lo ignora y sigue repitiendo:

Soy lámpara, soy lámpara.

Esto se repite varias veces y ya cansado de la situación el loco del periódico llama al doctor para que resuelva el problema.

El doctor llega y escucha al loco del periódico, el cual le explica lo que está pasando. Entonces, el doctor decide llamar a los enfermeros y les da instrucciones que se lleven al loco de la lámpara a otra celda, pero el loco del periódico reacciona violentamente y le dice al doctor:

¡No! ¿Cómo se atreve usted a hacer eso? ¿Si usted se lleva mi lámpara, como voy a leer mi periódico?

 


Llega una mujer al mostrador de una Farmacia y le pregunta al empleado: “¿Hay aquí condones extra-large?”. El empleado le contesta que sí, y le pregunta que si va a comprar, a lo que ella replica: “No, me voy a quedar a esperar a alguien que venga a comprarlos ¡!”


¿Qué tienen en común tu Doctor y tu novia?

: Que son las personas indicadas a llamar cuando tu erección no cesa.


Un tipo pierde las orejas en un accidente. No hay cirujano plástico que pueda ofrecerle solución alguna. Se entera de que en Suiza hay un cirujano muy bueno y decide viajar a consultarse con él. El galeno le examina, reflexiona por un rato y, finalmente, dice:
Pues sí, creo que puedo ayudarle. Le operan y, días después de salir del quirófano le quitan los puntos y lo mandan a su hotel.
A la mañana siguiente, enfurecido, llama al cirujano suizo:
¡Desgraciado! ¡Me ha puesto orejas de mujer!
Pues, hombre, son orejas igual, no hay diferencia entre si son de mujer o de hombre.
¡Está equivocado!, interrumpe, iracundo, sí hay diferencia.
¡Ahora lo oigo todo, pero no entiendo nada!